Diversidad familiar y COVID-19: La voz de las familias

La pandemia de la COVID-19 está suponiendo una prueba de esfuerzo y un espejo donde se reflejan las debilidades y fortalezas del sistema de apoyo a la familia en su triple función de prevención, promoción y protección. La voz de las familias, en su diversidad, nos ofrece una buena perspectiva para analizar cómo ha impactado la pandemia en la vida familiar y cómo han percibido el apoyo de algunos de los servicios más relevantes: educación, salud, servicios sociales y comunitarios. El objetivo de este monográfico es reflejar la voz de las familias en diversas cuestiones, desde sus principales preocupaciones durante esta crisis hasta lo que han aprendido tras ella, de modo que nos ofrezca una mirada positiva y constructiva hacia el futuro. Este monográfico ha sido posible gracias a la participación de familias vinculadas a la Federación de Asociaciones de Madres Solteras (FAMS), a la Federación Española de Familias Numerosas, a la Organización Plena Inclusión Familias con Discapacidad Intelectual y a la Unión de Asociaciones Familiares (UNAF), todas ellas fieles exponentes de la diversidad familiar que se quería resaltar.

“Qué pasará con mi hijo/a si me pongo enferma” ha sido una de las principales preocupaciones surgidas en diferentes tipos de familias durante el estado de alarma, especialmente en las familias con solo madres a cargo de uno o varios hijos e hijas. Esta preocupación, junto con la necesidad de asumir un exceso de tareas y roles en el hogar, han generado en las familias un conjunto de experiencias emocionales, tanto negativas como positivas, más intensas de lo habitual. Durante el periodo de confinamiento absoluto, las familias se han visto inmersas en una montaña rusa de emociones caracterizada por alteraciones de ánimo intensas y muy fluctuantes en poco espacio de tiempo. Las familias han destacado sentir emociones negativas como miedo, agobio, preocupación y angustia asociadas a la continua incertidumbre experimentada durante la pandemia.

Este cuadro de emociones, generalizado en muchos hogares, ha sido fruto de realidades familiares diferentes. Por ejemplo, algunas personas con discapacidad intelectual no comprendían la situación y mostraron problemas de ansiedad o de conducta inestable ante la imposibilidad de salir a la calle. Estas familias se han encontrado con muchos problemas en el trato recibido por parte del vecindario o la policía ante estas salidas terapéuticas. El teletrabajo también ha sido protagonista en la vida familiar, teniendo que compaginar la jornada laboral con el cuidado de los hijos e hijas en casa. En contrapartida, las familias también han experimentado estados emocionales positivos fruto de la valoración de los lazos familiares y sociales mantenidos, de la apreciación de nuevos aspectos en sus vidas, del descubrimiento de aficiones, de la posibilidad de contribuir con comportamientos responsables a frenar la expansión de la pandemia o de aportar solidaridad a personas más vulnerables.

Con la evolución de la pandemia las emociones experimentadas han ido variando. La nueva normalidad y la reapertura de los centros escolares han ido acompañadas de una disminución del estrés y la ansiedad. Aún así, la preocupación por la situación económica ha seguido inquietando sobre todo a las familias con solo la madre a cargo, a las familias numerosas o a las familias con hijos o hijas con discapacidad intelectual. Al mismo tiempo, muchas de estas familias destacan como positivo el haber experimentado una mayor cercanía y conexión en el núcleo familiar, fruto de haberse tenido que apoyar entre ellos ante las dificultades del día a día.

El impacto de la COVID-19 en las dinámicas familiares ha supuesto cambios en las relaciones que varían según el tipo de familia. Compartir más tiempo en casa ha permitido conocerse de una manera más profunda y diferente gracias a la colaboración de todos en tareas y actividades. No obstante, mientras que para algunas familias numerosas esta ocasión ha sido una oportunidad para reforzar lazos familiares, para otras no lo ha sido tanto. Por su parte, las familias monomarentales han destacado el papel que ha desempeñado la asociación FAMS proporcionando recursos y estrategias para gestionar las relaciones con los hijos e hijas durante el confinamiento. “Antes de la COVID-19, apenas tenía tiempo para ayudarla con los deberes y luego, de repente, todo el día juntas”. Esta alteración de la dinámica familiar, que al comienzo se presentaba llena de complicaciones, a posteriori ha supuesto un cambio positivo en la autopercepción familiar. En otros casos, los problemas económicos y las necesidades de conciliación han supuesto la pérdida de autonomía en las decisiones de estas madres, respecto a la educación de los hijos e hijas o las rutinas establecidas, por tener que irse a vivir con otras personas de su red de apoyo.

Según UNAF, en las familias con una buena dinámica familiar el vínculo entre los miembros de la familia se ha fortalecido, dando importancia a aspectos de las relaciones que anteriormente solían pasar desapercibidos en la vorágine del día a día. Sin embargo, en aquellas familias con problemas importantes en sus relaciones, el confinamiento y la pandemia han puesto en primer plano y de manera más intensa las dificultades de convivencia y los conflictos latentes entre sus miembros. Los problemas se han manifestado, especialmente, en las relaciones de pareja, llevando en ocasiones a situaciones de ruptura con una gran carga emocional negativa. Del mismo modo, UNAF menciona que con la vuelta a una normalidad marcada por la ambigüedad han aumentado los conflictos entre padres y madres y sus hijos e hijas, fruto de situaciones que han dado lugar a nuevas rutinas sobre si “se puede o no se puede salir”, “vamos unos días al colegio y al trabajo y otros no”, “por qué tienes que controlar si me conecto o no a las clases”.

Por último, en cuanto a las relaciones familiares más allá del núcleo familiar, en algunas familias con solo la madre a cargo surgieron preocupaciones sobre el estado de salud de familiares como los abuelos y las abuelas, generando en los niños y las niñas una percepción de riesgo muy alto, lo que al mismo tiempo les permitió entender por qué no podían ir a verlos. Ante esta realidad, familias de Plena Inclusión señalan que aumentaron los contactos telefónicos y mediante videollamadas con familiares y amigos a los que no se podía visitar; contactos que han supuesto un apoyo fundamental para el bienestar de las familias.

La diversidad familiar también se refleja en las necesidades de apoyo que han experimentado las familias durante la pandemia. Escuchando sus voces podemos destacar los siguientes aspectos: (1) la necesidad de contar con equipos informáticos para hacer frente tanto a las demandas de la educación a distancia de sus hijos e hijas como a la necesidad de establecer contactos virtuales con la red de apoyo; (2) la necesidad de apoyo emocional para sobrellevar la ansiedad, el estrés, la sobrecarga o el duelo ante la pérdida de un ser querido; (3) la necesidad de contar con apoyos para la conciliación de la vida personal, familiar y laboral; y, por último, (4) la necesidad de contar con apoyos específicos para las familias con discapacidad intelectual, adaptados a la nueva situación que permitiesen no perder las habilidades y competencias adquiridas hasta ese momento. Las familias de Plena Inclusión señalaron la necesidad de estas cuatro medidas de apoyo, mientras que las familias de FAMS mencionaron alguna de las tres primeras. Las familias vinculadas con UNAF destacaron la necesidad de apoyos emocionales, mientras que las familias numerosas destacaron la necesidad de apoyos específicos para la conciliación personal, familiar y laboral.

La posibilidad de conciliar se ha producido en muchas ocasiones gracias al personal de apoyo para el cuidado de personas o de empleados/as del hogar, lo que ha supuesto un importante coste para la economía familiar. Ante esto, las familias numerosas destacan la necesidad de disponer de fórmulas factibles que faciliten la conciliación de la vida familiar y laboral, como por ejemplo la desgravación en el IRPF de la parte correspondiente dedicada a la contratación del cuidador/a o empleado/a del hogar o establecer una prestación para personas que realicen un trabajo no remunerado en el hogar con dedicación en exclusiva al cuidado de hijos e hijas.

El grado de satisfacción con los apoyos recibidos es variopinto entre las familias vinculadas a las diferentes entidades. Por ejemplo, algunas familias vinculas con FAMS y con la Federación Española de Familias Numerosas han calificado los apoyos recibidos por parte de los centros escolares como excepcionales, valorando muy positivamente la capacidad de adaptación al formato de la enseñanza a distancia o la vuelta a la rutina con protocolos que funcionan y jornadas escolares adaptadas. Sin embargo, otras familias también vinculadas con FAMS y con UNAF se han mostrado menos satisfechas, especialmente durante el confinamiento, ya que han tenido que asumir un rol mucho más activo y especializado para dar respuesta a las demandas académicas de sus hijos e hijas. Además, la pandemia también ha visibilizado e intensificado la brecha digital en varios aspectos. Por un lado, los equipos y programas informáticos no son fáciles de usar y entender para el alumnado con discapacidad intelectual y retraso en el desarrollo. Parte de la educación a distancia que se ha facilitado no es accesible cognitivamente, ni en contenidos ni en navegación. Por otro lado, muchas familias no tenían conocimientos sobre cómo usar las plataformas educativas. Ambos factores han generado que las familias se sintiesen desasistidas para superar este reto, y que gran parte del alumnado con discapacidad haya tenido muchas dificultades para seguir el curso académico durante la pandemia.

En cuanto a los apoyos de los servicios de salud, en general, las familias vinculadas con UNAF y diferentes familias de FAMS los califican de buenos. Argumentando incluso que la superación de esta crisis se ha debido gracias a la buena disposición del personal sanitario. En esta misma línea, las familias destacan el apoyo y funcionamiento de las asociaciones u organizaciones con las que tienen vinculación, destacando el hecho de que se les haya dado voz y hayan mostrado interés por cubrir sus necesidades durante este tiempo. En lo que respecta al funcionamiento y apoyo de los servicios sociales, diversas familias de FAMS califican de insuficiente estos servicios reclamando mayor atención y apoyo durante la crisis.

Las diferentes familias que participaron en este monográfico también han compartido las claves para mejorar los apoyos recibidos de cara al futuro. En general, las familias destacan la necesidad de servicios universales, gratuitos y de calidad, que proporcionen la mejor ayuda posible a todas las familias con independencia de su capacidad económica o lugar de residencia. De forma específica, las familias con algún miembro con discapacidad intelectual reclaman: (1) apoyos más individualizados, flexibles y cercanos, en el entorno donde viven las familias; (2) ratios profesorado/alumnado más bajas en los centros escolares para poder atender a la diversidad del alumnado; y (3) la adaptación de los recursos a la realidad de cada familia, como por ejemplo una transformación tecnológica adecuada a las personas con discapacidad intelectual. Por su parte, las familias numerosas inciden en la necesidad de establecer medidas que permitan la conciliación familiar y laboral; mientras que las familias con solo madres a cargo destacan la necesidad de dar visibilidad a su colectivo cuando se planteen criterios de acceso a servicios públicos, como la asistencia a campamentos de los hijos e hijas u otros servicios de cuidado y conciliación.

Por último, la pandemia ha obligado a contemplar y repensar los múltiples escenarios de la vida familiar para que reciban el apoyo diferencial oportuno si es necesario. Fruto de este ejercicio de afrontamiento de retos y dificultades también se han derivado aprendizajes en positivo. Las familias que han participado en este monográfico coinciden en destacar los siguientes valores y fortalezas que se han puesto de manifiesto en estos tiempos:

  • El valor de la familia, en cuanto a la importancia de unas buenas relaciones familiares y de su capacidad de superación de los retos.
  • La fortaleza de la resiliencia ante la adversidad y la capacidad de aprendizaje y adaptación de las familias ante las nuevas demandas.
  • La existencia de una sanidad pública que ha permitido contar con un cinturón protector en estos tiempos difíciles.
  • La llegada del teletrabajo como medida para mejorar la conciliación personal, familiar y laboral.
  • El valor de la comunicación y colaboración entre familias y profesionales y su inestimable apoyo prestado.
  • El valor de la red de apoyo social y comunitario, siendo capaces de participar en ella tanto para recibir como para ofrecer ayuda y recursos en el entorno.